Выпуск 19

ESTO ES INTERESANTE

ESTO ES INTERESANTE!


En el año 1586, Felipe II envió a Roma a un joven para felicitar al Papa Sixto V que acababa de ser elegido. Cuando el embajador llegó a Vaticano el papa dijo:» ¿Y qué? ¿Vuestro señor no tiene hombres de más edad para enviarme un embajador sin barba?»

El joven le contestó: «Mi señor no piensa que el mérito consiste en la barba, por eso le ha enviado un gentilhombre y no un macho cabrío».

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La segunda mujer del rey Felipe IV, Mariana de Asturia, era un poco coja. Por supuesto, nadie en la corte podía hablar de su defecto físico. Francisco Quevedo (1580-1645, uno de los autores más destacados del barroco español), que tambiém cojeaba un poco, dijo a sus amigos que él podía decir a la reina en la cara que ella era coja. Sus amigos no lo creyeron y apostaron mucho dinero contra él. Para ganar el dinero, Queviedo compró dos ramos de flores: uno de claveles blancos y otro de rosas rojas. Con esos dos ramos fue al palacio. Fue directamente a la reina y le ofreció los ramos diciéndole: «Entre el clavel blanco y la rosa roja, Su Majestad escoja» (o sea «Su Majestad es coja»).

Así, usando un juego de palabras, ganó el dinero sin ofender a la reina.

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Cuando nació Pablo Picasso, era tan débil que parecía estar muerte. Por eso lo dejaron sobre la mesa. Lo salvó su tío que fumaba grandes cigarros. Cuando vio al niño acostado sobre la mesa, le tiró humo de cigarro en la cara. A esto hizo el niño una mueca, y así comprendieron que estaba vivo.

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A Picasso le gustaba invitar amigos a su casa del sur de Francia. En las paredes de esta casa no había ni un solo cuadro suyo. Los amigos le preguntaron si no le gustaban sus cuadros. «Me encantan», respondió Picasso. «El problema es que no puedo permitírmelas».

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Una vez, Picasso estaba de tertulia con sus amigos. Comieron y bebieron mucho. Cuando les trajeron la cuenta nadie quería pagar. Todo el mundo pensaba que debía pagar Picasso porque él ya vendía sus cuadros a los ricos coleccionistas norteamericanos. Picasso retiró los platos, cubiertos y botellas de la mesa, tomó su pluma e hizo un dibujo en el mantel blanco. Después llamó a la dueña del restaurante para pagar la comida con este dibujo. La dueña se alegró mucho y le dijo a Picasso:» ¿Me lo puede firmar por favor?»

Y el pintor respondió: «Yo estoy pagando la comida, no estoy comprando el restaurante».